Día de acción de gracias.

Respirar. Solo con ese soplo de vida frágil e invaluable ya tenemos para rebalsar nuestro ser de agradecimiento. Llegará el segundo en que expiremos, en que ese aliento inexplicable que mantiene el latido de nuestro corazón y la lucidez en el cerebro se pause para siempre.

Ayer hablaba con alguien muy amado sobre ‘el afán de cada día’ y la búsqueda de paz y balance aceptando lo que no está bajo nuestro control…. Y es que, ¡¿qué si lo está?!

Estrés y ansiedad esperando que milagrosamente los carros desaparezcan y la ruta elegida ese día esté desierta; estrés y ansiedad por doblegar la psique de ese posible cliente que no hay modo que nos confirme el pedido o el servicio; estrés y ansiedad por ver que el país un día se despierte siendo Suiza o Austria o algún utópico ideal de nuestra mente; estrés y ansiedad por las dinámicas familiares disfuncionales; estrés y ansiedad por el tóxico ambiente laboral; estrés y ansiedad por dar 200% más en una relación dispareja y obsoleta…

Nos metemos -voluntariamente- a cada rollo como con los ojos cerrados ‘porque toca’. ¡No! “Pare de sufrir” diría un amigo.

La vida se acaba en un abrir y cerrar de ojos y nuestras angustias, preocupaciones, líos y berrinches se quedan en nada.

Mañana jueves 27 celebran el famoso Thanksgiving en el Trumpland, y también en otros países que han asimilado la práctica.

Sin entrar en polémicas sobre las tradiciones alienadas y todo lo que quieran criticar los criticones, mejor veamos el concepto: dar gracias. Eso. Porque si, porque respiramos, porque hay salud, porque está la familia, porque hay sustento, porque está la pareja, porque hay trabajo… Agregue (o quite) cada uno según su checklist, pero razones para agradecer siempre habrá. El mero hecho de respirar ya lo es.

Este año lo empecé con una frase en mente: ‘No aceptes lo pusilánime en tu vida’, empezando por mi propio actuar en cada dimensión que atravieso. Nada que sea falto de ánimo, apocado, timorato, cobarde.

El soplo de vida que tenemos dentro es incompatible con algo tibio. Es energía de la mas poderosa, misterio y tesoro.

Este nos compele a agarrar la vida de frente, a no quedarse atrás sino a lanzarse a la trinchera, a saborear con cada pequeña célula que somos, a dar (nos) aún cuando seamos despreciados por ‘amigos’, ‘familia’, ‘amantes‘. Se recogen con cuidado los pedazos del corazón roto para unirlos con luz y sellarlos con lágrimas pero se sigue. Nadie que vaya a escalar regresa con los zapatos limpios, y así es la vida, una serie de subidas y bajadas, enlodadas y refrescantes chapuzones en lagos que revitalizan para la siguiente cima.

Respiro. Soy, aún.

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