Ya soy señora del cuarto piso. Llegó la nostalgia y su aroma.

Foto de Tessa Rampersad en Unsplash

A lo largo de mis lecturas de este año que acaba, Byung-Chul Han (1959) estuvo presente en más de un libro. Sobre todo, “El aroma del tiempo: un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse”(2015), es el que guardo en un lugar especial de mi experiencia del 2025. Un delicioso ensayo que se debe saborear, degustar de a poquitos, re-leer, comentar y en especial, compartir.

Para Han, vivimos tan acelerados que ya no hay un sentido que sostenga al tiempo, hay una atomización del tiempo. Dice que el tiempo ha perdido su aroma.

“Se vuelve a empezar una y otra vez, se hace zapping entre las <<opciones vitales>>, porque ya no se es capaz de llegar hasta el final de una posibilidad” (p.19). Basta que prestemos atención a cómo nos comportamos viendo algo en la TV(o peor aún, en una conversación): no podemos soltar el teléfono, abrirlo y ver pendejadas. Todos estamos allí. Y no solamente en simples acciones como las descritas, sino en la actitud ante la vida. Pensar que podemos estar en un eterno zapping con respecto a nuestra postura vital, con todo lo que esto implica, desde ideologías, hasta modas, amistades, familia, parejas, creencias…

“La narración da aroma al tiempo”

Byung-Chul Han, p.28

Como decía, el ensayo de Han da para saborearlo de a poco y en diferentes contextos, pero tomo la frase anterior para el pensamiento de este post, hoy que de forma abrupta hemos llegado a la Nochebuena del 2025. El autor dice textualmente que “el tiempo comienza a tener aroma cuando adquiere una duración, cuando cobra una tensión narrativa o tensión profunda, cuando gana en profundidad y amplitud, en espacio“. Y a lo largo del ensayo propone la contemplación como acto necesario para descubrir lo bello en la vida, lo que tiene esencia, aquello que no es efímero.

Desde hace un tiempo, quizás alrededor del momento en que me acercaba a los 40 años, se me encendió una especie de chip invisible que me obligó a contemplar ciertas situaciones de mi vida que daba por sentadas. Ciertas historias, que un día, terminarán. Después de todo, no somos más que eso: historias.

He pensado que una tensión narrativa, como lo plantea Han, es el hecho que un día nuestros seres queridos ya no estarán presentes. Esa es una verdad ineludible. Una que no siempre queremos aceptar. Y al poner bajo esa lupa ciertas relaciones como la que tenemos con nuestros padres, abuelos, tíos, nos es posible entonces empezar a percibir el aroma del que habla el filósofo.

No entendía antes mucho el sentimiento de nostalgia. Creo que a propósito me opuse por años a sentirla. Hoy, con el paso del tiempo y a las puertas del final de un año de mucha reflexión, me permito ver a la nostalgia de frente y sin miedo. No es más que la capacidad de ver el pasado con anhelo – sin perder de vista el presente – y recordar lo que se sintió. Yo le agregaría: tener agradecimiento por eso que se vivió, para ponderar un poco tal sentimiento nostálgico que después de todo es también una hermana menor de la tristeza.

Días como hoy rememoro a quienes ya no están en este plano, como mis abuelos, y esa sensación de certeza y seguridad de celebrar las fiestas en su casa, rodeada de regalos, sabores, aromas y música. No puedo escuchar la música navideña de Ray Coniff sin pensar en don Lalo, o al “Niño del tambor” sin pensar en doña Lucita. No volví a disfrutar del ponche después de aquel que se tomaba en aquella casa, y cada año que pasa, la celebración de esta fecha no es más que una réplica marca acme de lo que se vive siendo niño.

Como soy una mujer sin hijos, la alegría de los regalos quedó compartida con unas cuantas personas, porque también al crecer y madurar entiende uno que no es sobre dar mucho sino con quien se da. Y eso es lo que quiero contemplar. Vivir el presente con quienes están con plena consciencia de nuestra existencia efímera, apreciar el aroma de este tiempo.

Dice Han, “Lo bello responde a la duración, a una síntesis contemplativa. Lo bello no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas”.

¡Felices fiestas!

No responses yet

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *