He elegido conscientemente, desde hace mucho tiempo, rodearme de arte y creatividad.
Aquel taller de apreciación cinematográfica alrededor del 2007 me abrió un mundo lleno de pasión y una energía que desconocía bastante. En parte porque del 2000 al 2007 mi vida fue estudiar en la u y en algún momento, empezar a trabajar. En el 2000 tenía apenas 17 años, e iba saliendo de una crianza bastante conservadora y atesorada, por lo que mi primer año de la universidad fue un descubrimiento tras otro, desde cierta sensación de libertad hasta personas que no se veían o pensaban como yo (era el mero apogeo de los emos, por ejemplo).
Pero entre estudio y prácticas (porque la carrera que estudié me demandó desde el inicio muchas horas de práctica supervisada), pronto llegó el momento de buscar trabajo formal, con lo cual, esos años entre el 2003 y el 2006 los recuerdo como una especie de blur en donde a veces estaba en la universidad muy tarde en la noche, otras estaba ya trabajando muy temprano en la mañana (antes del amanecer), y claro, el resto haciendo tareas y trabajos grupales.
Siempre hubo algún tiempo para la lectura, en especial con el acceso a la biblioteca universitaria. Y aunque fui amante del cine desde temprana edad, no había en realidad descubierto las grandes obras cinematográficas que descubriría en ese recordado taller que la CCE impartía gratuitamente los sábados en la tarde, cuando todavía estaban en una casona linda del barrio de Cuatro Grados Norte.
En el 2007 entonces, libre de la universidad, empecé a explorar nuevos ambientes y a partir de aquella experiencia, busqué siempre asistir a algún taller, a alguna actividad cultural, aportar algo (coordiné un club de guionistas por algunos años), explorar exposiciones de arte, etc. Incluso, en el 2013, cuando tenía uno de los empleos que más he amado como Asistente de asuntos culturales en el IGA zona 4, me enrolé en un diplomado de Gestión cultural.
Eran sábados de entrar temprano al trabajo, salir al medio día corriendo a la Antigua, medio almorzar en el carro para empezar clases a las 2 pm. Parece ficción que pudiera salir de la zona 4 de la ciudad de Guatemala y llegar a tiempo para clases en la Antigua. Eso hoy es prácticamente imposible. Hoy habría llegado a las 6 pm a la Antigua, con suerte, si saliera pasadas las doce del mediodía. Pero eso es tema para otro post…
De ese taller nacieron amistades que valoro y admiro. Es gente que inspira y emana la energía esa que decía antes. Esa que ilumina y revitaliza.
Hago toda esta remembranza porque este año decidí aventurarme a estar del otro lado: del creador. Y lo que se me hizo bastante lógico fue a través de la palabra.
Justo en medio de una esas actividades que me llenan el alma, conocí a tres personas que están haciendo posible el taller de escritura en el que estoy participando: Gabby Barillas, Marcos Godoy y Alejandro Marré. Ha sido hasta ahora un proceso introspectivo, interesante, incluso, terapéutico.
Cartografía de la imaginación se llama la aventura, y espero plasmar por aquí los resultados cuando terminemos en marzo…

Foto por A. Marré.

No responses yet